Adam Clay es un apicultor jubilado, que le arrenda un espacio de su campo a una mujer mayor. El se dedica al cuidado de su colmenar, lo que se podría decir a cuidar su “ciudad”, claro, en este caso compuesta de insectos-obreras, que trabajan para producir miel. En el guión de Kurt Wimmer esto funciona como una metáfora de la historia de ficción que se cuenta en este film, en el que el inglés Jason Statham concreta, otra vez, y van…, algunas de sus más audaces proezas físicas para derribar un ejército de criminales.
La producción ha sido bastante criticada, porque subraya, como ninguna otra, del calvo y habilidoso Statham, su devenir en pura acción. Este es un thriller, en el que las artes marciales, tomas de muay thai, jiu-jitsu y kick-boxing, adquieren sus mayores destrezas y virtudes. El apicultor acá no te da respiro y el vértigo de cada acción va adquiriendo matices cada vez más potentes y da lugar a una y varias exclamaciones de asombro, por el incansable vigor físico que despliega su protagonista.
El por qué de tanto enfrentamiento, tiene una respuesta. Kurt Wimmer, el guionista, se inspiró en la historia de una tía suya ya muy mayor, a la que le hicieron el `cuento del tío` y le robaron todo lo que tenía. Acá a la dueña del campo que habita Clay, le hicieron lo mismo, a través de una aplicación de internet. Cuando ella no se pudo comunicar con un banco en el que tenía sus ahorros, un joven muy simpático, inmerso en un mar de adrenalina, la guió `dulcemente` para poder robarle todo su dinero. Los ladrones, unos treintañeros impunes son liderados nada menos que por el hijo de la presidenta de la Nación, hecho que la madre, cuando se entera, repudia, lógico. Pero el arrepiento llega tarde, la pobre víctima se suicidó. Y es ahí cuando entra en acción Adam Clay.
Este es un thriller tipo western, en el que sólo hay que disfrutar de los tiros y contar a las víctimas. Sólo que acá, los maleantes, no llevan armas -aunque también interviene el FBI y policías encubiertos-, sus armas son las pantallas y teclados de las pc y los pasitos de baile y los gritos del líder de la banda, a cargo de un Josh Hutcherson, bastante repudiable en su papel. Al peleador Adam Clay, se suma también como protector del joven criminal que lo defiende, el calmo y muy refinado Jeremy Irons, en un papel en el que parece exagerar su sofisticación.
David Ayer, el director de Día de entrenamiento y Escuadrón suicida, esquiva ese humor burlón y muy disfrutable de la última mencionada y acá sólo se preocupa por idear las mejores tomas para lucimiento de los golpes, trompadas, patadas y otras destrezas de un Jason Statham, desatado y casi “invencible”. Esta es como una producción del viejo Charles Bronson y más cercanamente de John Wick, o las películas de Liam Neeson, en las que uno no se pregunta si hay una buena historia, lo que importa es si la acción entretiene o no, y si el ritmo y la agilidad de las peleas te sacuden tu rutina. En Flow hay otra muy disfrutable y divertida de Jason Statham, Crank 2: alto voltaje (2009).
Título original: The Beekeeper Dirección: David Ayer Guión: Kurt Wimmer Intérpretes: Jason Statham, Josh Hutcherson, Jeremy Irons, Emmy Raver-Lampan Origen: Inglaterra, Estados Unidos (2024) Duración: 105’ Publicada en Diario Perfil.
