La imagen de un grupo de indígenas bailando con el torso desnudo, en un campo y salpicados por un gran chorro de petróleo, es la síntesis perfecta de este nuevo film de Scorsese. Codicia, traición y engaño coinciden en este relato que refiere al genocidio perpetrado a integrantes de la tribu de Osage, en Oklahoma, en 1920. A fines del 1800 este pueblo indígena había descubierto petróleo en sus tierras y se convierten en los nuevos ricos. El hecho provoca una gran desazón en la supremacía blanca, que elabora uno y mil trucos legales e impunes, para cometer crímenes que no se investigan y generar enfermedades que terminan provocando la muerte de la mayoría de este pueblo originario.
Para contar esta gran odisea épica-romántica, Scorsese y su coguionista Eric Roth, se apoyaron en el libro del periodista de New Yorker, David Grann. Scorsese también se rodeó de dos de sus grandes aliados Leonardo DiCaprio en su sexta colaboración con el director de El irlandés y Robert De Niro, en su película Nº 10, con el cineasta, si no nos equivocamos. El trío se saca chispas en la pantalla, y no se privan de nada. A tal punto que DiCaprio, desconcierta y resulta extraño y poco convincente, al asumir el papel del dócil y ingenuo ex soldado de la Segunda Guerra, que llega a Oklahoma a reencontrarse con su tío, a cargo de un De Niro tan inescrupuloso en su personaje que domina a su sobrino con un estilo firme pero socarrón, para que lo ayude a engañar a los indios y extraerles los mayores dividendos. Para concretar la misión, lo incita a que seduzca y conquiste a una de las indígenas, la bella Mollie, la que convertida en nueva rica, emplea a Ernest Burkhart (DiCaprio), como su chófer. El relato juega sus mayores fichas a partir de lo que sucede entre la pareja Mollie-Ernest, y la relación del último con su cínico y falso tío William Hale, a cargo de un DeNiro, tan irónico y cínico que parece querer imitar a Brando, en El Padrino.
Si bien el guión no dedica espacio para contar cómo surgió el descubrimiento del petróleo en tierras indígenas, si explora las matanzas anónimas realizadas al más puro estilo western, de algunos de los índígenas; las sospechas que, a pesar de su enfermedad, intuye Mollie, respecto del comportamiento de su marido y la actitud falsa e inescrupulosa del tío William con los integrantes de la tribu.
Minucioso, detallista hasta el hartazgo, pero también perdido en algunos tramos en su propio laberinto de situaciones -en especial en la última media hora-, Scorsese, se da el lujo de hacer una película respetuosa de la iconografía de los Osage, pero apela a cierto humor, por instantes desubicado en algunas situaciones, mientras que deja en un deslucido y algo confuso plano la intervención del FBI, que por aquellos años comandada John Edgar Hoover, personaje que DiCaprio protagonizó en cine. La complicidad y la ironía inmersa en el engaño, que define a los personajes de DiCaprio y De Niro, son dos de los puntos sobresalientes de esta curiosa saga épica-romántica, contada a sus 80 años por Martín Scorsese.
Calificación: Muy buena
(publicada en diario Perfil)
Juan Carlos Fontana
Ficha técnica:
Título original: Killers of the flower moon. Dirección: Martin Scorsese. Guión: Eric Roth, Martín Scorsese, basada en el best seller homónimo de David Grann. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Robert De Niro, Jesse Plemons, Lily Gladstone, Tantoo Cardinal, John Lithgow, Brendan Fraser. Origen: Estados Unidos (2023). Duración: 206’. Gentileza UIP
