En su poema Lugares, Wim Wenders dice: “Los lugares nos condicionan. Los lugares nos protegen. Los lugares nos destruyen”. Quizás estas reflexiones del director de Las alas del deseo, con el que el argentino Germán Kral trabajó en Alemania, en la que está radicado, le hayan servido de inspiración para este Chau Buenos Aires. 
Germán Kral no es la primera vez que incursiona en el tango a través de sus documentales. Lo hizo con Cantores de tango, El último aplauso y Un tango más (2014), sobre los bailarines Juan Carlos Copes y María Nieves.
En Chau, Buenos Aires (que parece aludir al inolvidable Chau, no va más, de los hermanos Expósito, Homero y Virgilio), el cineasta deconstruye la identidad del argentino, ataviado siempre al borde una crisis existencial, o social. Porque el director y coguionista a través de la historia de un bandoneonista, que toca en un boliche del barrio de Pompeya, al que no concurre casi nadie, con tres amigos, un pianista, un contrabajista y un violinista, a los que se suma un cantor, hace referencia a la necesidad de emigrar del músico que toca el fueye, en plena crisis del “corralito”, el 2001. Coincidencia o no, su film que tiene varias capas de lectura y puede leerse como una tragicomedia costumbrista, romántica. Aunque en una arista más profunda, refiere a la idea de cómo a través de las historias individuales se reconstruye la idea de un país. 
Hay en Chau Buenos Aires, un reinicio de la vida de varios personajes, pero en particular de su protagonista, ese músico que se propone vender su zapatería de barrio, para intentar suerte, junto a su madre e hija, en Alemania. En el devenir de su relato, no exento de hechos fortuitos, entre ellos un choque que abre el abanico a una nueva relación en su vida, los personajes se van internando en una identidad que se matiza a través de las emociones compartidas, pero también de sentimientos comunes, arraigados, que los identifican. Esta especie de opus que nos regala Germán Kral tiene elementos que parten de la misma idiosincrasia tanguera, el arrebato, la separación, el amor que surge de lo inesperado, el dolor de ya no ser y la melancolía que subyace en esa sensación de pérdida constante de algo que ya no es y es tan típicamente argentino.
El film va mechando imágenes intimistas de cada personaje y las va sazonando en un contexto plural, en el que asoman una constante sensación de despedida de una Buenos Aires, magistralmente fotografiada con tomas aéreas, que encierra tantos misterios, como las capas que subyacen en las personalidades de cuatro amigos que conforman por puro amor al tango, un cuarteto. Un valor extra del film es como el realizador logra que cada personaje adquiera una identidad propia, inmersa en el arrebato de una empatía que conquista de entrada al espectador. Claro que estamos hablando de grandes intérpretes, como Diego Cremonesi, Rafael Spregelburd, Carlos Portaluppi, Manuel Vicente, Mario Alarcón y la muy carismática y convincente Marina Bellati. 
Con gran inteligencia el cineasta va mechando escenas de la crisis de 2001, a través de lo que muestran los noticieros de la época, los saqueos, cacerolazos, el cinismo de un ministro como Domingo Cavallo, la ira de los ahorristas en los bancos. En medio de ese vendaval crítico, se asoman las melodías tangueras de Desencuentro, de Troilo y Cátulo Castillo; Todo es amor, de Lipesker y Romay o el clásico El día que me quieras. El film es un deleite por las sensaciones que despierta, en el que se percibe el estilo narrativo de un cine argentino casi olvidado.
Calificación: Muy buena
Ficha técnica
«Chau Buenos Aires». Crédito: GZA CINETREN. Dirección: Germán Kral.Guión: Stephan Puchner, Fernando Castets, Germán Kral.Intérpretes: Diego Cremonesi, Marina Bellati, Carlos Portaluppi, Manuel Vicente, Rafael Spregelburd, Mario Alarcón, Luis Ziembrowski.Origen: Alemania/Argentina (2023). Duración: 93’.
