En streaming: “Los Quintana” y su humor certero, ingenuo y perfectamente ensamblado, por un creativo equipo de comediantes

Entre el camp y el kitsch, que predominaron en algunas de las películas de Pedro Almodóvar (Pepi, Lucy, Bom; Mujeres al borde de un ataque de nervios, Los amantes pasajeros), los Quintana pasearon “impunemente”  y divertidamente, a lo largo de una hora, su paródico estilo, en un nuevo show en streaming, al que titularon Quintanadas.

Como una versión en clave grotesca de Las chicas del cable, o Velvet (conocidas por el público a través de Netflix), los hermanos David y Fernando Quintana, orgullosos de sus 25 años de trayectoria, se destacaron en una producción que no dejó nada librado al azar.

Una constelación de mujeres desdichadas, dignas del mejor melodrama de este lado del Continente, las féminas imaginadas por Los Quintana, cómo es lógico, sufren por amor. Parece que ninguna lo merece, pero todas desean a ese hombre que surge de sus sueños y parece estar en un constante más allá. Aunque como le ocurre al personaje de Margarita (que tal vez alude a La dama de las camelias), la sirvienta, le sobran pretendientes, pero ella no parece decidirse por ninguno.

Entre boleros y música centroamericana, pequeños sketches y gags muy bien afinados, más algunas sutilezas del slapstick y el comedy club, el equipo se deslizó con comodidad por una bien estudiada estética burlesca. A esto le añadieron meritorios recursos, en los que interactuaron con personajes de una vieja tele en blanco y negro (un acierto fue la incorporación de Tristán Ulloa –Lucía y el sexo, Fariña-) y hasta propusieron un juego con el público televidente –mediante whatsapp- que los siguió desde distintos países de América latina y España. Con la aparición de un pareja de conductores que parecían escapados de una bailanta tropical y al ritmo de Corazón contento, de Palito Ortega, los televidentes fueron invitados a responder un par de preguntas, que tuvieron como premio una pequeña estatuilla de un gato chino de la suerte, hasta una tacita con el logo de Los Quintana.

Argentinos de nacimiento y artistas que han cosechado éxitos en España, Chile y otros países, el dúo de hermanos, heredó su arte de las noches del Parakultural, de los ‘80, la estética de Urdapilleta y Tortonese, hasta el grupo Caviar, pero lo suyo viene de mucho antes. Los caricaturescos personajes que presentan son arquetipos de la parodias de carnaval, de los travestis de las murgas, sin obviar el género clownesco, con sus cejas arqueadas, bocas y ojos desdibujados con maquillaje y un vestuario que remite a algunas de las divas del cine de los ´40.

De Los Quintana se pudo disfrutar de una estética diseñada con el rigor que exigen las apariciones breves y la apelación a los más certeros golpes de efecto. Los diálogos y monólogos subrayaron los arrebatados matices de unas heroínas que se solazaron en sus desdichas, en esas ilusiones sostenidas mediante engaños, canalladas entre unas y otras por celos, o por una cuestión de clase social.

Un matiz acertado fue ese breve homenaje a China Zorrilla y Mónica Villa en una escena de Esperando a la carroza (1985, Alejandro Doria, Jacobo Langsner). En un mismo nivel estuvieron las apariciones de una dama de exuberante físico, vestida con animal print, que recordó a Lía Crucet o La Tigresa del Oriente y el personaje de Macorina, una mucama vestida de cholita boliviana, que le aportaron el sabor bien latinoamericano a esta nueva aparición vía streaming de Los Quintana.

Ambientado en un único escenario, un living kitsch en el que predominaron las flores en lámparas y cortinas, más una sumatoria de números breves, ingeniosamente ensamblados, a través de diálogos afilados, precisas coreografías, gestualidad y fonomímica, el show de Los Quintana, dejó al televidente con ganas de más.

Calificación: Muy bueno
Donde ver: www.losquintana.com

Juan Carlos
Fontana

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