Con este thriller psicológico, oscuro y algo asfixiante, Film&Arts inauguró su ciclo de los “Martes nórdicos”. Kieler street se ubica en el subgénero de los llamados nordic noir, los que con temáticas directas y frontales, desnudan lo que subyace debajo –asesinatos, discriminación, pedofilia- de micro sociedades en apariencia perfectas y bucólicas, como las de los países nórdicos (Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca).

La calle Kieler, en la pequeña ciudad de Slusvik, en la frontera entre Noruega y Suecia aloja a familias que pocos saben unos de otros. En su mayoría, estos habitantes, adquirieron por distintas razones otras identidades y fueron a parar a ese pueblo, que ostenta el orgullo de tener la menor tasa de crímenes y delincuencia. Hasta qué, conflicto mediante, comienza a suceder lo contrario.

Como en Twin Peaks, el despegue del conflicto y el desnudar de identidades y acusaciones, surgen a partir del cuerpo sin vida de una joven encontrada en un bosque. A partir de ese instante, las sospechas recaen en unos y otros y se desnudan las
más atroces miserias de esos seres, que aspiran a vivir en el más absoluto anonimato.

Kieler street es una serie genuinamente noruega, se diría que distante y poco proclive, desde su dirección y guión, a intentar conquistar a plateas más allá de su región. Con actuaciones minimalistas, poco expresivas, se desarrolla con cierta quietud, la que se subraya al contar con locaciones de calles solitarias y lloviznas de nieve.
Si en otras series, exponentes de los países nórdicos como Sorjonen, o Algo en que creer, ambas de Netflix, hay un más amplio juego narrativo, de cámaras y actuaciones que se definen a partir de expresividades muy bien logradas, en Kieler street sucede lo contrario. Aunque es bueno aclarar que a medida que avanzan los capítulos –la 1 temporada es de 10- los conflictos y las situaciones se vuelven más asfixiantes. A la vez que las caracterizaciones de los personajes y aquello que los identifica, como la adolescente devenida en una asesina, a partir de la desaparición de su gato, o el mozo de un bar, que conoce refinadas técnicas para someter a sus víctimas, van despertando un mayor interés. Un aval de la serie es que nunca se usan armas de fuego y las coreografías de peleas, resultan de una pulsión y violencia tan curiosas, como divertidas.
Calificación: Buena
Juan Carlos Fontana
