En diciembre, de 2005, en el teatro de Los Manantiales, de Valencia, se conoció “El año de Ricardo” de Angélica Liddell (Figueras, 1966) una pieza teatral que a nadie deja indiferente. Su estreno en Buenos Aires, es hoy 3/12/2020-, a las 20 y luego repetirá funciones, el 5, 7, 10, 12, 17 y 19 de este mes, en el mismo horario. Antes de continuar, es interesante aclarar que las entradas pueden
adquirirse, desde $300.- en www.alternativateatral.com
Licenciado en Dirección y Artes Escénicas, Mariano Stolkiner, que también ha actuado en la Argentina y en Europa y entre sus profesores ha tenido a Philippe Gaulier, Rubén Szuchmacher y Guillermo Angelelli, es, indudablemente, el director que mejor podría trasladar al escenario el abismal y siempre controvertido universo que expone Angelica Liddell.

Stolkiner, que entre sus puestas en escena se ubican “Cleansed”, “Amor de Fedra”, “Shopping and Fucking”, “Iván y los perros”,
“Biolenta” y “Bajo el Bosque de leche” y ha creado su propia compañía, El Balcón de Meursault, anticipa a La mirada circular que “las relaciones entre cuerpo y poder, entre lo privado y lo público, sostienen a este Ricardo monstruoso, exhibicionista y cínico,
que aprovecha los puntos débiles de los regímenes legítimos para justificar su repugnante alianza con la injusticia. Ricardo es uno de esos personajes que ascienden al poder valiéndose del sistema democrático, pero sin creer en parlamentos ni democracias, es uno de esos `oportunistas`, por calificarlo de algún modo, que utilizan los votos de una manera hipócrita, ruin y absolutista”.
Inspirada en Ricardo III, de Shakespeare, “el texto, la palabra dramática, la palabra que se eleva, tanto por su cruda poética, como por su sintaxis, como por su prosodia empleada, se convierten en una contundente herramienta de concienciación comprometida”, destaca Stolkiner.
-¿Cómo surgió tu interés por esta pieza?
– En 2016, en una charla que tuve con Moira Soto, ella me recomienda esta obra. Yo había leído a Angélica Liddell y había visto alguno de sus trabajos en Buenos Aires. Sus obras siempre me conmovieron desde la primera lectura. Tiene una escritura inteligente, feroz y llena de resonancias con la realidad que nos toca transitar. En ese momento estaba a la búsqueda de un nuevo material, así
que decidí avanzar con la lectura de este texto. Ni bien tomé contacto me di cuenta que era una obra necesaria. Si bien había sido escrita hace unos años, su contacto con lo que estaba circulando alrededor de una nueva ola de gobiernos a nivel mundial, le daba una potencia difícil de encontrar en otros materiales.

-¿De qué manera Liddell se apropia de un personaje como Ricardo III, de Shakespeare, para expresar su propio y controvertido discurso?
-Liddell, toma la figura del Ricardo III de Shakespeare para traerlo a nuestro presente, ya no como un tirano que accede al poder a través de un golpe, si no por las grietas que le ofrece el propio sistema democrático. Líderes que aparecen por fuera de la política, generalmente ligados al empresariado, que con un discurso basado en el marketing acceden al poder con el fin de llevar adelante sus más ruines propósitos. Pero en el caso de esta obra, cosa que me resultó aún más atractiva, la autora no se detiene en la victimización del pueblo, si no que avanza sobre las decisiones que los propixs votantes toman, engañadxs por los medios de comunicación y la propia falta de recursos o interés a la hora de hacer un análisis en torno a estos discursos. Un pueblo cegado por el propio sistema capitalista, que busca soluciones en el corto plazo sin prestar atención a las consecuencias que sus propias elecciones suponen para las nuevas generaciones.
-¿Qué persigue este Ricardo, convertido en un líder contemporáneo por la autora?
-Así como el Ricardo III, de Shakespeare, al ser desplazado del trono, encuentra en su deformidad la razón de su venganza, en el caso de este Ricardo, Liddell le suma otra característica interesante, analiza el motivo que lleva a estxs nuevxs líderes a la búsqueda de ese reconocimiento y acumulación de poder para si mismxs, desde un costado psicológico. La razón que lxs mueve no es sólo la búsqueda en torno a la acumulación de poder y riqueza, esa es una consecuencia, sus verdaderos propósitos encuentran un basamento en el rechazo recibido en algún momento de su infancia, niñxs que no fueron aceptadxs por sus progenitorxs, a quienes les costaba relacionarse con otrxs o que sufrían alguna dolencia física o emocional que los hacía sentirse menos que sus pares. En ese rencor, es que basa Liddell la necesidad de obtener el poder. No para justificarlxs, si no como modo de abrir una perspectiva más amplia de lo complejo que puede tornarse nuestro comportamiento social. En definitiva, la obra abre muchas capas de interpretación y dispara contra todo lo que en esencia somos.

-¿Fue complejo trasladar al escenario un texto de estas características?
-El proceso no fue nada fácil, una obra con la complejidad que presenta este texto, precisa de mucho estudio y trabajo. Había que encontrarle un cuerpo a la escena dónde todas esas capas que propone el material pudieran estar presentes. Desde un comienzo pensé en Horacio Marassi para el personaje de Ricardo, con él nos pusimos a trabajar. Fuimos avanzando y retrocediendo tantas veces como fuera necesario, aparecían cosas, pero al tiempo, en el avance de los ensayos, dejaban de funcionar. Nos propusimos darle al proceso todo el aire que el proceso necesitara, en definitiva, esa es una de las mayores posibilidades que nos da la creación independiente, darnos el permiso para la búsqueda. En ese trayecto se sumó Alejandro Vizzotti, quien en el personaje de Catsby, acompaña a Ricardo durante toda la obra, lo asiste, lo cuida, es su único compañero en esta batalla, un compañero bastante particular que en la escena se esconde detrás de un disfraz de dibujo animado, un Osito Cariñosito. Será junto a él con quien Ricardo ha de liderar su batalla. Una de las puntas que nos ofrecía el material y empezaba a aparecer como un dispositivo posible, era la del karaoke.
Para esto decidimos sumar en canto a Magdalena Huberman y empezamos a probar algunas cosas con ella. Los cuadros en los que está dividido el texto eran interferidos por este procedimiento musical. Si bien la obra hace referencia en un sólo momento al karaoke, más específicamente habla de las “ruinas de un karaoke”, a medida que avanzamos, cada vez fue tomando más espacio, entrando en tensión constante con el discurso de Ricardo. Cómo es sabido un karaoke es la interpretación o el intento de representación de un discurso ajeno legitimado. Quien canta lo hace repitiendo una fórmula conocida, la imitación, que al mismo tiempo supone una impostación, el intento por ser aquello que se encuentra en un todo reconocido. Mientras canto soy aquello que
canto. La palabra karaoke viene del japonés y su significado sería algo así como “orquesta vacía”. Lo que trae consigo este significado, es la idea de que frente a una estructura musical vacía de discurso, el mismo pasa a ser llenado por un intérprete que repite las palabras que le son dadas a través de una pantalla. Este signo en la obra intentará hablar sobre las metodologías fascistas y de voluntad de dominio. La orquesta sería el poder que a lo largo de la historia se representa en un sistema dado.

-Expone un discurso que se repite a lo largo de la historia de la humanidad
-En este caso el discurso puede ser tomado por distintas personas que, en definitiva, no estarán haciendo más que repetir lo mismo, legitimar el discurso de la tiranía, cuestión que se afirma y afianza en la historia de lo ya transitado. Así es que Ricardo no es otro que Ricardo III, el rey deforme y déspota personaje de Shakespeare. Este Ricardo es un karaoke de aquel, pero como tal, lo dice el propio Ricardo, es también la imitación y por ende la justificación de que a lo largo del tiempo hayan existido figuras como las de Hitler, Stalin, Franco, Videla y tantas otras tiranías que surcaron la historia y hoy, ya alejados de las formas monárquicas o dictatoriales, se expresan a través de sistemas democráticos, todo esto expresado en la obra de Liddell con una mirada aguda y crítica sobre nosotrxs
mismos, a través de una prosa que enaltece al lenguaje.
-¿Dado el momento por el que atravesamos van a ser pocas funciones?
-Lamentablemente sí. Van a ser unas pocas funciones, para pocxs espectadores, en un momento muy particular, donde estas palabras toman un valor trascendental. Ojalá nos acompañen en esta posibilidad, tan esencial y necesaria para reflexionar, observarnos y emocionarnos, que nos da el convivio teatral.

Ficha técnica:
“El año de Ricardo”, de Angélica Liddell. Dirección: Mariano Stolkiner. Intérpretes: Horacio Marassi, Alejandro Vizzotti, Magdalena Huberman. Voz en off: Maya Stolkiner. Diseño lumínico: Julio López. Diseño de vestuario: Gabriella Gerdelics. Diseño de espacio: Magali Acha. Realización de video: Marcel Cluzet y Mariano Stolkiner. Música: Rafael Sucheras. Fotografía: Esteban Widkicky. Asistencia de dirección: Ignario Arroyo y Eleonora Di Bello. Producción: El Balcón De Meursault. Colaboración artística: Luis Yama. Coreografía: Magdalena Huberman. Duración: 80 minutos.
TEATRO: EL EXTRANJERO
Valentín Gómez 3378
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4862-7400
Web: http://www.elextranjeroteatro.com
Entrada: $ 500,00 / $ 300,00 – Jueves – 20:00 hs – Del 03/12/2020 al 17/12/2020
Entrada: $ 500,00 / $ 300,00 – Sábado – 20:00 hs – Del 05/12/2020 al 19/12/2020
Entrada: $ 500,00 – Lunes – 20:00 hs – 07/12/2020
