“Todas las canciones de amor”, de Santiago Loza, obtuvo 7 nominaciones a los premios Hugo y continúa en su 2da temporada, con un milagro de actriz, Marilú Marini, magistralmente dirigida por Alejandro Tantanian y con el gran Diego Penelas en música

Volvió a deslumbrarme este año por partida doble. Ya lo había hecho el año pasado con los espectáculos que mencionamos más abajo. A Marilú Marini se la puede ver por estos días, en su segunda temporada en la sala Pablo Neruda de La Plaza con “Todas las canciones de amor”, la obra musical de Santiago Loza que arrasó con 7 nominaciones a los premios Hugo –los ganadores se conocerán en septiembre-, los que creados por Pablo Gorlero y Ricky Pashkus, galardonan a los mejores musicales de la temporada.

PARA NO PERDERSELA

En este género, “Todas las canciones…” vale mencionarlos, está nominado a mejor musical, libro musical (Santiago Loza) dirección general (Alejandro Tantanian); actuación protagónica femenina (Marilú Marini) dirección musical y arreglos musicales (Diego Penelas) y revelación masculina (Ignacio Monna). La obra es para no perdérsela, pero antes cuando mencionábamos que la actriz que comparte su vida las últimas décadas entre Paris y Buenos Aires, nos sorprendió por partida doble, además de la obra de Loza, nos referíamos a “El día de una soñadora´ de Copi, que en 2016 presentó en el CCK y este año hizo 4 funciones a sala llena en el Cervantes, en el que se ofrece del mismo autor ya fallecido “Eva Perón” y “El homosexual o la dificultad de expresarse”. Pero hay más para seguir descubriendo a la gran Marilú, porque bajo su dirección y adaptada en conjunto con el protagonista Diego Velázquez, el sábado, a las 18, en la sala de Libertad y Córdoba, se verá la adaptación de “El escritor fracasado”, de Roberto Arlt, que continuará luego con funciones de viernes a domingos, a las 18.

REIR Y LLORAR

Volviendo a “Todas las canciones de amor”, de Loza, es interesante destacar que con ella sucede algo muy especial, porque en cada función, desde su estreno el año pasado, no deja de asombrar al público que aplaude de pie, ríe y llora de emoción, con ese personaje tan tierno, sentimental y caótico, de una madre que espera la llegada de su hijo al que no ve desde hace varios años.

En el papel de la madre Marilú Marini se convierte en una especie de milagro escénico. La actriz resulta una revelación en este protagónico de esa mujer que vive su soledad ahogada entre recuerdos y la añoranza de un hijo que no ve hace años y para mejor ahora llega a su casa, con su nueva pareja, un negro, al que ella no sabe si llamarlo “un hombre de color” o cómo. Sumado a esto está la incomprensión de un marido al que ella misma, resignadamente, habla de él, como si fuera una especie de víctima amorosa de las vicisitudes de la vida, de las que también ella forma parte.

EL CAPITAN DEL BARCO

La pieza tiene algo de neo-sainete, pero es un melodrama que desborda creatividad, que satisface como un plato favorito al público.

¿Por qué? Es simple: el espectáculo tuvo un capitán del barco como Alejandro Tantanian que extrajo no sólo lo mejor de Marilú, a sabiendas de que la actriz está preparada para jugarse sin red, como lo hace siempre y a ella sumó al nominado a actor revelación, un increíble Ignacio Monna, con una voz que a dúo con Marini, hacen saltar lágrimas de emoción. En escena los acompaña un siempre admirable Diego Penelas, en piano, arreglos y dirección musical.

“Todas las canciones…” demuestra una vez más, como ocurre con los espectáculos de Tantanian (entre muchísimos otros, “Cenizas”, “Cliff (Acantilado)” o “Blackbird”), que un director inteligente sabe formar un equipo acorde a las circunstancias.

¿Qué más agregar? Qué el texto de Loza es esclarecedor en sus obras, en su redescubrimiento del alma humana.

Esas palabras –imaginadas por Loza- dichas por el personaje de la madre, cuando habla de su hijo, desde la niñez hasta esa adultez que está dispuesta a redescubrir con un amor que no le cabe en el cuerpo, incluyen detalles cotidianos que muchas veces pasamos por alto, pero que no pasan desapercibidos para una madre que transcurridos los años, sigue viendo a su hijo casi como un niño, mientras recorre y cuenta las épocas pasadas, a la vez que acaricia viejas fotografías como si quisiera detener el tiempo.

De la pieza, además de lo ya dicho, a Marilú se le agradece ese monólogo insólito, original, deslumbrante, en que cuenta el viaje en avión del hijo. En esos instantes, sus gestos, sus leves movimientos pasan por todas las instancias del drama y la comedia y en ella pueden descubrirse rasgos que se le han visto en cine a grandes actrices, como Jeanne Moreau, o Michéle Morgan. Mientras que a Loza se le agradece que su final llegue a buen puerto y no como muchas piezas, que hablan de la homosexualidad, como un premeditado tono trágico.

Calificación: Excelente !

Juan Carlos Fontana

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