Una semana agitada de trabajo, doce horas diarias. El viernes la previa en el salón vip de una disco, borrachera, pelea con el patovica del lugar y un departamento impersonal que espera a dos, que no habían imaginado iban a coincidir en un mismo espacio al amanecer.

Hasta acá en apariencia nada original, pero la pieza de Patricia Liguori a medida que avanza en sus minutos le va sumando una serie de inquietantes circunstancias, en las que el espectador se sentirá involucrado casi sin querer, sin haberlo imaginado y es más se verá inmerso en un conflicto áspero, de emociones equívocas y dolores ajenos. Al final se lo invitará a reflexionar no solo sobre los tiempos que vivimos, también sobre lo que sucede cuando la rutina agobia y destruye ilusiones, pero también el futuro.

EXCELENTES INTERPRETES
Los personajes son dos, ella en apariencia es una chica de la zona norte, a cargo de un local en un shopping. El, en principio parece un pibe de familia adinerada. Ambos se despiertan en un departamento que ella no conoce y él prácticamente tampoco. Están encerrados. Pero hay unas líneas de “cocaína” sobre un escritorio, una botella de whisky que refiere al título de la obra y algo de café, el resto vendrá después. Si es peligroso o no lo que sucederá, el espectador se irá enterando de a poco, a través de un muy bien dosificado suspenso que Joaquín Bonet, el director y sus dos excelentes intérpretes Eliseo Barrionuevo y Malena Sánchez, le pondrán el cuerpo para mantener en vilo la atención del público, ubicado casi a los pies del dispositivo escénico, diseñado por Gonzalo Córdoba Estévez.
La obra de Patricia Liguori propone una mirada a una generación la que va de los 20 a los 30, pero no sólo eso atrapa al que mira, sino esa seductora mezcla de intriga y misterio que refiere a un futuro condicionado por un pasado de dolorosas circunstancias, que ambos jóvenes no pueden solucionar y lo padecen como pueden, a la vez que se defienden con lo que tienen a su alcance, sus confesiones, sus deseos, sus ilusiones quebradas.

UN CONFLICTO QUE ATRAPA
“Etiqueta azul” habla del desencuentro en apariencia de dos clases sociales, que en definitiva son la misma. Ambos, el muchacho y la chica para sobrevivir en esta especie de “selva” de una sociedad que parece arrasar con los más desprevenidos, se prepararon para fingir lo que no son, arremeten con palabras, gestos y el cuerpo, como un modo de defenderse, pero en definitiva los errores cometidos les hacen perder el objetivo que se habían propuesto y no se sabe si más tarde lo recuperarán.
La autora construye con muy buenos recursos dramáticos ese giro constante de situaciones que inquietan y provocan ansiedad en el espectador convertido en un voyeur de algo que no le pertenece, o tal vez sí, porque el juego escénico se fortalece de tal modo que no puede despegar su mirada de esa pareja que se desplaza en ese pequeño espacio escenográfico, simil de una oficina céntrica en la que no sólo estallará la desconfianza, el temor, también el amor y las emociones más profundas como una llaga que se muestra descarnada e inesperadamente.
Ella y él se desplazan como dos animales heridos, a los que algo imprevisto les hizo perder su centro, tal vez esta fue la premisa que les propuso Joaquín Bonet desde su inteligente y muy bien imaginada puesta en escena.
El dispositivo escénico en una especie de semicírculo que rodea al espectador es tan sólo uno de los aciertos de esta pieza, que lo prepara previamente antes de ingresar a la sala, con música de discoteca y un vaso de whisky como invitándolo a una previa tal vez similar a la que vivieron los personajes que más tarde irá a conocer en su intimidad más frenética. Eliseo Barrionuevo y Malena Sánchez atrapan por la entrega y el compromiso que asumen. Verlos meterse sin pudor en sus papeles despierta no sólo admiración también agradecimiento por haber sido testigos de un trabajo coincidentemente muy bien concretado en todos sus rubros.
Calificación: Muy buena
Juan Carlos Fontana
Puede verse en ElKafka, Lambaré 866, los sábados, a las 23, tel. 4.862.5439.
