Respirar es inhalar tal vez aquello que nos gratifica y exhalar lo que nos ahoga, pero esto no siempre se puede. A veces la existencia nos pone ciertas trabas y el inhalar se transforma en guardar un dolor que no podemos exhalar muchas veces solos, necesitamos la ayuda de los otros.
Algo de todo esto está presente en esta intimista y conmovedora pieza a la que Martín Tufró le aportó ideas, textos, frases que a medida que avanza la historia de estos dos hermanos que se reencuentran después de quince años y dicen lo que tienen necesidad de decirse, el espectador percibe que ese relato nos pertenece a todos de algún modo. Porque tal vez haya quién se identifique con el dolor de la pérdida, o se prepare para una orfandad premeditada, o se reconcilie con el pasado o éste se
transforme en una carga para siempre.
DOS HERMANOS
Acá en “Respirar” la obra de Martín Tufró, sus protagonistas son dos hermanos, que se reencuentran y en ese escaso tiempo que están juntos, aparece el pasado, la pérdida, la muerte, el olvido, el amor, la culpa, los secretos, el intentar recomenzar una nueva vida ante la imposición de una jugada del destino que no esperábamos.
“Respirar” es casi una pieza de cámara, pequeña -dura apenas una hora-, intimista, que conmueve a partir de lo que los personajes se dicen, se reprochan o intentan encontrar una explicación. Pero también despierta sentimientos diversos, porque en ella los silencios se apoderan del espacio de tal modo, que la existencia parece fluir en un “tempo” dramático, en el que pasado y presente abren un profundo y extenso pozo atiborrado de interrogantes.

VALORAR LOS SILENCIOS
Martín Tufró que tiene dos piezas en su haber: Espacio vital y Cuarentena y puso en escena en 2009, “El hijo” del noruego Jon Fosse (en una muy elogiada puesta en escena), posee y así lo demuestra en “Respirar”, una muy sana influencia de este autor. Su escritura es diáfana, clara y profunda a la vez, utiliza el espacio correcto de las palabras, no se extiende en explicaciones que agobian, no divaga va a los hechos, se apoya en ellos y valoriza en su texto, en sus frases, el énfasis y los silencios, les otorga un dominio propio, que en este caso los intérpretes y la directora Sofía Humala, llevan a muy buen puerto.
La puesta en escena de Sofía Humala es despojada, apenas salpica el espacio se diría con los desplazamientos justos de los personajes, a la vez que utilizó lo mínimo imprescindible en cuánto a escenografía. Pero sí subrayó y alentó a los actores a saber utilizar un espacio interior en el que por instantes aparece la risa, el desconcierto, el reproche, a la vez que Donegana y Perseo, se apoderan de una constante sensación interna que les permite dejar fluir las imágenes que luego van a verbalizar en escena.
Esta tarea no tan fácil de llevar a cabo tiene su eficacia, porque de otra forma la historia identificable que se cuenta y por cierto nada novedosa, pero muy efectiva, que despierta una inmediata empatía con el público, podría haberse convertido en una circunstancia intrascendente y no lo es.
VIRTUDES ACTORALES
Precisamente lo trascendente de la propuesta es como en la escena, esos dos personajes de registros diferentes, de caracteres distintos, les aportan a sus papeles la sencillez y simpleza de una verdad intransferible. Marienn Perseo dosifica muy bien sus intervenciones, más expansivas e introvertidas, que las del personaje que hace de su hermano. La actriz domina la escena con oficio y esa verdad que viene a buscar dentro de la historia, desde su interpretación la llena de una cierta
candidez, hasta de un sutil humor, que le aporta humanidad a esa joven inmersa en las contradicciones.
Ernesto Donegana tiene la virtud de ser un actor qué con su sola presencia en el escenario, le aporta un halo de misterio a su personaje que despierta interés en quién lo observa. Su registro minimalista, extremadamente sutil, encierra un dolor punzante que se va definiendo a lo largo de la pieza, con matices muy bien estudiados.
Timidez, ternura, dolor, soledad y una intensa indefensión parecen apoderarse de este personaje que retrata a la perfección una sobrecogedora sensación de abandono, a la que Ernesto Donegana definió mediante una muy apreciable y exquisita actuación.

Calificación: Muy buena
Juan Carlos Fontana
Ficha técnica:
“Respirar” de MartínTufró, con colaboración autoral de Sofía Humala. Actores: Ernesto Donegana y Marlenn Perseo. Diseño de luces: Javier Vásquez. Asistencia de dirección y producción: Gaspar Carvajal. Dirección y producción: Sofía Humala. Teatro: Espacio Callejón, Humahuaca 3759, tel. 4.862.1167. Domingos, a las 18.
