Una pieza sobre teatro proletario: “La empresa siempre perdona”, del venezolano Rodolfo Santana, con Sofía Gala Castiglione y Roberto Romano

Producida por la actriz Luisa Kuliok y la directora de la pieza, Rosa Celentano, se presentó anoche con nueva puesta en escena la obra del venezolano Rodolfo Santana “La empresa siempre perdona”.

En su original la pieza se titula “La empresa perdona un momento de locura” y fue representada en nuestro país en distintas oportunidades, una de ellas en 1985, en la desaparecida sala Planeta, con dirección de Marcelino Duffau.

Escrita en 1974, por el fallecido Santana (1944-2012), el texto expone una problemática siempre vigente: la relación entre un obrero y la empresa para la que trabaja y la explotación del individuo en pos de una  producción que aporte mayor rentabilidad económica al mercado financiero.

EL OPERARIO Y LA PSICOLOGA

La historia propone el encuentro entre un operario y una psicóloga contratada por la empresa, cuya función, en primera instancia, luego se descubrirán otras intenciones,  es convencer al hombre para que reconozca lo que el dueño de la fábrica ha hecho por él a lo largo de veinte años. A continuación le dice que la empresa está dispuesta a perdonar sus errores –el destrozo de algunas máquinas- si él hace público su agradecimiento al industrial.

La psicóloga tiene la función primero de corroborar el diagnóstico de una personalidad agresiva y paranoica en ese hombre. El que luego de años de trabajo, se rebela contra las máquinas y las destroza, inmerso en la impotencia de no poder lidiar con sus problemas personales y en una escala más cercana, al ser el testigo impotente de cómo el mal funcionamiento de una máquina destroza la mano de un operario y la cabeza de otro.

Estudiar el origen y los por qué de ese ataque de violencia inusitada, es la misión de esa psicóloga de carácter intimidatorio, que interroga de manera directa y sin eufemismos a ese obrero calificado.

REMINISCENCIAS DE LOS ´70

La pieza podría definirse como una comedia dramática social. Porque a partir del constante juego escénico entre los dos personajes, aparecen matices entre ingenuos y grotescos que despiertan risas en el público, a medida que avanza la historia.

Santana escribió su texto en 1974 y algunos de sus planteos referidos a la empresa parecen estar en desuso. Uno de ellos, ese supuesto reconocimiento público por los años de servicio del operario, que le permiten a la industria mostrar su cara
vehemente frente a la real indiferencia social que padece su contratado, hoy ha sido transformado en una indiferencia mucho más cruel. No obstante la esencia del conflicto expuesto, conserva su vigencia.

En especial en lo referido a los orígenes del protagonista, la problemática familiar debido a una economía que nunca alcanza para las necesidades básicas, la educación y los sueños insatisfechos a lo largo de los años, sumado a la muerte de uno de
los hijos.

La psicóloga interroga a ese hombre, induciéndolo a revelaciones personales, que terminan arrinconándolo como si fuera un animal herido, inmerso en un callejón sin salida y haciéndolo confesar aspectos tan íntimos como sórdidos y violentos. El
operario es un hombre traicionado en su propia fe, cuyo mayor patrimonio han sido esos años de trabajo a una empresa a la que vio nacer y ante una primera debilidad suya, parecen estar dispuestos a realizarle un estudio de personalidad, que le permite tomar conciencia de sus mayores debilidades y ausencia de  recursos.

“TEATRO PROLETARIO”

La directora Rosa Celentano dosificó muy bien los matices entre uno y otro personaje: el espectador es testigo del derrumbamiento de ese hombre tan violento, como dotado de una ingenuidad y dignidad heridas y sin vías de
retorno tal vez.

En esta supuesta tesis de “teatro proletario” Santana intenta dar a entender que todos somos parte de un mismo y maquiavélico engranaje.

En este último aspecto la directora logró cerrar con acierto esta historia, que se desarrolla en un único ámbito, el consultorio de la terapeuta. Según el texto del autor y la marcación escénica, psicóloga y operario son víctimas de un mismo
sistema económico.

Roberto Romano, en el papel del trabajador consigue instantes de una plenitud interpretativa que le aporta ternura, violencia e ingenuidad a su personaje.

Sofía Gala Castiglione se impone con avasallante personalidad en el escenario, aunque confunde por instantes autoridad con rigidez corporal, luego consigue modificar su comportamiento según las exigencias de su papel de psicóloga y es capaz de
mostrar una sutil dosis de comprensión hacia ese ser que le han impuesto como objeto de estudio.

En su puesta en escena, Rosa Celentano apeló a una síntesis de recursos que coinciden en un resultado válido y claramente convincente en su mensaje a transmitir, aunque no se entiende porque en dos escenas de la obra, Sofía Gala por momentos
se sale de su personaje de la psicóloga e indica al técnico de sala subir o bajar la luz, lo que podría indicar que ese consultorio en la ficción está provisto de una especie de Cámara Gesell, pero esto es algo que nunca se menciona a lo largo de la historia.

Calificación: Buena

Juan Carlos Fontana

Teatro El Tinglado, Mario Bravo 948, tel. 4.863.1188, los sábados, a las 18.

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