Molière en superlativo espectáculo dirigido por Corina Fiorillo en el teatro Regio

Una fábula sobre la mezquindad, la avaricia y el amor propone Molière en su pieza “El avaro”.

Se puede ser avaro con el dinero, pero también con el afecto a los hijos y a los que nos rodean. Esto que es tan fácil de identificar a veces hasta en uno mismo, es expresado a través de un exquisito y excelente divertimento escénico, podría decirse un “cuadro viviente”, que la consagrada directora Corina Fiorillo trasladó a escena con absoluta maestría.

Cada puesta en escena de la galardonada directora con el Ace de Oro, no deja de ser un espacio de regocijo para el espectador. Su libertad para narrar en el escenario se contagia a la platea en formato de una metáfora que, en este caso, nos hace pensar y reír.

DEL 1600 A HOY

“El avaro”  fue escrita por Molière
(Jean-Baptiste Poquelin), en 1668 y pocos años después su estreno en el Palais Royal de París, durante el reinado del llamado rey Sol, Luis XIV, la consagró como un clásico de la comedia francesa que no pierde su actualidad, tal vez por
lo simple de su mensaje: quién acumula demasiados bienes tiene mucho que perder y porque la relación del hombre con el dinero y el amor parecen ir siempre de la mano.

Harpagón, su protagonista, ha ido acumulando dinero con tacañería que guarda celosamente como un secreto de estado.

El hombre ya anciano tiene dos hijos y el varón se enamora de la misma joven a la que su padre pretende comprar como si se tratara de un objeto muy preciado. A la vez que se propone arreglar el casamiento de su hija con un acaudalado caballero.

El engaño y la venganza son parte de esta pieza, en la que como en un tablado de una kermesse, se hacen públicos, a partir de la burla y la ridiculez hacia la persona de su protagonista, el temido y miserable Harpagón.

El conflicto estalla cuando desaparece el tesoro escondido del protagonista y éste en su desesperación ya no logra esconder sus verdaderasintenciones.

Iride Mokert y Nelson Rueda, en admirables interpretaciones

UN FENOMENO ESCENICO

“El Avaro”  de Corina Fiorillo es un fenómeno escénico de bien merecido éxito y el público la recibe en cada función con risas y aplausos a lo largo de la pieza, también en el saludo final, cuando la platea entera de pie aplaude a esta troupe de intérpretes, liderados por la directora, como si fueran parte de un verdadero equipo de teatro trashumante.

Enmarcada en el barroco, la directora lo sabe, la pieza fue puesta en escena rescatando lo esencial de su cometido: ser un exponente del teatro popular con mayúsculas. Los personajes se mueven a través de un vertiginoso ritmo y cambio de situaciones, certeros gags que hacen reír a través de las coreografías, o el travieso tono de sátira y vodevil con el que los comediantes se dirigen al público para explicar lo que piensan, o expresar sus deseos, angustias y dudas, mediante diálogos o melodías sólidamente ensambladas por un equipo de músicos que intervienen en la escena asumiendo distintos papeles secundarios.

UNA ADMIRABLE TROUPE ACTORAL

Con afiebrado ritmo escénico

Antonio Grimau, Harpagón, adquiere la máscara de un ser tan decrépito, como sumergido en sus propias mentiras, a las que intenta traducir en grandes verdades. El actor disfruta de ese papel soñado al que le aporta matices vocales e intensa presencia escénica. Nelson Rueda, consigue la exquisita máscara del galán engañado a través de su personaje de Cleanto, el hijo, al que el actor le otorga una pronunciada plasticidad y ductilidad interpretativas, unido a una marcada potencia vocal. Iride Mokert, Elisa, la hija despliega una energía envidiable a través de su notable desparpajo actoral. Mientras que Silvina Bosco, Marcelo Mazzarello, Julián Pucheta, Maia Francia y Nacho Vavassori, aportan a sus personajes los certeros matices, de acuerdo a sus personalidades, de ser buenos conocedores de un género, como la comedia del arte.

El aporte musical y en actuación de Lisandro Fiks,Hernán Lewkowicz, Martín Portela y Mercedes Torre, resultan admirables y se adaptan con certeros recursos al complejo ensamble de la pieza.   Que se recuerde, pocas veces una comedia de Molière adquirió su verdadero mensaje de gran fiesta escénica y de fábula moral, a la vez que se observa a un equipo de intérpretes funcionar como un verdadero engranaje teatral, que se fusiona y adapta sin perder brillo, a una maquinaria  escénica, cuya escenografía –diseñada por Gonzalo Cordova Estévez- se asemeja a un gran cubo mágico, que permite transformarse en un palacio, o podría pensarse como un cubo de cemento típico de una institución financiera de la City porteña, con su plaza seca incluida. Un compromiso teatral a imitar.

Calificación: Excelente !

Juan Carlos Fontana

Teatro Regio, Córdoba 6056, tel. .772.3350. www.complejoteatral.gob.ar

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