En “La memoria de Federico” Cecilia Hopkins logra revitalizar la trágica poesía lorquiana a través de una actuación exquisita y fascinante que sorprende por su técnica interpretativa.

Quizás no se haya visto en nuestro país, un tributo a Federico García Lorca tan poético, minimalista y desbordante de creatividad y pulcritud escénica como el presentado el pasado sábado por Cecilia Hopkins, en el Celcit (continúa en sábados siguientes, a las 20).

La pieza es breve y a través del fascinante lenguaje teatral desplegado por Hopkins, una actriz capaz de bailar, recitar, cantar y mimetizarse con los personajes de Lorca como pocas, el autor resplandece y se convierte en un mártir de la intolerancia de una España dominada por el franquismo, que no soportó la personalidad y la capacidad intelectual del poeta que habló metafóricamente a través de sus obras de su país sojuzgado, como pocos lo han hecho.

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LOS FANTASMAS

A través de la performance de la actriz, los textos de Etelvino Vázquez –autor y director- se imponen en el escenario con una ternura y calidez inusitadas.

Los fantasmas del autor granadino parecen revivir en la escena porteña, a partir de esta única intérprete que entabla un diálogo ficcional entre Lorca y Margarita Xirgu, la que al asumir Franco, tomó la Argentina como su segunda patria.

El texto de Vázquez señala que la primera pieza que Lorca le acercó tímidamente a Margarita, fue “Mariana Pineda”, en 1926. Más tarde escribiría para ella uno de sus últimos dramas rurales, dos meses antes de morir. Fue “La casa de Bernarda Alba” que terminó de escribir el 19 de junio de 1936 y dos meses después el 19 de agosto, es fusilado.

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MARGARITA Y FEDERICO

En la escena el personaje de Margarita recuerda que le pidió a Federico que se quedara en nuestro país, cuando llegó a Buenos Aires en 1933 y conoció a Carlos Gardel y se lo recibió como una Estrella de Hollywood en nuestra ciudad, pero Lorca prefirió continuar su camino, quizás, para resolver de una buena vez y de frente y con coraje aquello que su España le reprochaba o mejor dicho los representantes de un gobierno totalitario y dictatorial.

“Los actores somos como las flores que se abren apenas un instante” dice en algún momento de este original tributo Cecilia Hopkins y, precisamente, el espectáculo se apoya en instantes tan fascinantes como trascendentes.

Porque la actriz dialoga con los fantasmas lorquianos y es capaz de mimetizarse en Bernarda Alba, en la protagonista de “Yerma”, o en “Doña Rosita, la soltera” y a todos ellos le imprime su espacio de sutil ternura, de autoridad, de desatino.

Hopkins tanto canta una nana, como danza con una sutileza que recuerda las danzas balinesas, o el misterio del Kathakali hindú. Lo suyo es una especie de sortilegio escénico que se va mimetizando con cada palabra, cada segmento de esta pieza que no deja de lado ni siquiera las críticas adversas que recibió la Xirgu en el Río de la Plata.

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LA PUESTA EN ESCENA

La puesta en escena también del autor, se apoya en un minimalismo en el que los objetos, pequeños, fotos, una valija, una silla, zapatos, una tela, una sombrilla, un abanico, remiten a instantes de emociones que se despliegan para volver a replegarse e hilvanar otras instancias del ser humano inmerso en la ilusión o en el dolor. Cecilia Hopkins como intérprete se recorta en ese amplio y espacioso escenario del Celcit y por momentos sus juegos con una tela se asemejan a una escultura, a un esperpento, para transmutarse después en la figura de una ilusionada doña Rosita, incomprendida por los hombres, pero inmersa en el ilusorio universo de sus desdichas.

A través de la intérprete las mujeres de Lorca parecen cobrar vida una a una y le recuerdan al espectador que muchas de ellas han sido creadas a partir de personajes que existieron en la vida real.

Actriz, dramaturga, investigadora, escritora, directora, docente, bailarina, periodista y crítica teatral (Página 12 y otros medios) Cecilia Hopkins en cada uno de sus espectáculo entrega una lección de originalidad y síntesis escénica, que remiten a la esencia de la actuación, cuando el artista está sólo en escena y debe construir él mismo, ella misma en este caso, los trucos de un acto de magia con los que deleitar, sorprender y asombrar al espectador.

“El león de la metro” (2001), la que remitía a un circo itinerante; “Gemma Suns” (2009), inspirada en el cuento de Borges Emma Zunz; “Milonga desierta” (2005), o “La recaída”, en 2002, que interpretó junto a Julio Cardozo, son obras en las que Cecilia Hopkins rescató y compartió con el público la esencia de una teatralidad, la suya, que abreva tanto, entre otras vertientes, en el teatro Noh o el Kabuki, como en la estética del Odin Teatr de Dinamarca.

Acercarse al universo lorquiano a través de este resplandeciente tributo que es “La memoria de Federico”, es sin duda muy gratificante y placentero y sinónimo del mejor teatro.

Calificación: Muy bueno

Juan Carlos Fontana

Ficha técnica:
“La memoria de Federico”, con Cecilia Hopkins. Dramaturgia y dirección: Etelvino Vázquez. El espectáculo cuenta con el apoyo de Iberescena. Celcit, Moreno 431, tel. 4.342.1026. Sábados, a las 20. Platea $200.- estudiantes y jubilados $100.-

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