Ambientada en una única locación, un estudio de radio en Londres, similar a la serie Criminal, de Netflix (solo que en ese caso el
ámbito es el salón de interrogatorios de la policía), la película tiene una acertada dosis de suspenso y una estética retro futurista que acrecienta su clima de pesadilla nocturna.

Los autores de este thriller psicológico y de terror, que ironiza sobre la política y adquiere un tono burlesco en su abordaje al referirse a temas como el Brexit, o el movimiento #MeToo, son Alberto Marini (productor de Rec, el film de 2007 que dirigió Paco Plaza y Jaume Balagueró) y Pedro Alonso, que debuta en la realización, pero tiene experiencia en fotografía y guión.
TONO PROVOCADOR

En las primeras escenas se ve a Jarvis Dolan (un excelente Eddie Marsan, al que se vio en Ray Donovan), periodista y conductor del programa nocturno ´La cruda realidad`, que discute con su productor sobre la incorporación a su ciclo de un colega del que se había distanciado. De controvertidas opiniones políticas, Dolan que acaba de ser víctima de un secuestro y eso hizo subir sus acciones en la emisora, se prepara para la edición de esa noche.

A los pocos minutos de comenzar su monólogo nocturno, el oyente que lo escucha disfruta de su tono provocador y se dispone a interactuar mediante llamados o chats. Pero en instantes la sorpresa y el estupor se apoderan de ese hombre que intenta mostrar la otra cara de la política y habla de estos tiempos de la postverdad (construir una realidad prefabricada que resulta más convincente que el hecho real del que se habla), porque pasa a ser víctima de una situación aterradora. Acá el film da un giro brusco y lo que se observa no queda claro si es un simulacro de una circunstancia criminal artificialmente actuada para atrapar al espectador (en Rec se incluyó una circunstancia similar), o no. Lo concreto es que a medida que avanza la historia su clima se vuelve más electrizante debido a la precipitada acción de los personajes, cuyas palabras y silencios refieren desde una actitud de alerta, a la desesperación o
el terror que se acrecienta, cuando uno de ellos termina siendo víctima de un psicópata que se infiltró en los estudios.

Si bien su lenguaje cinematográfico y su puesta en escena transmiten una atmósfera asfixiante y de tonalidades sombrías y aterradoras, la película, según el tipo de espectador, puede resultar muy atractiva o una simple tontería.
Calificación: Buena
Juan Carlos Fontana, para diario Perfil
