En El brutalista, coinciden dos hechos: es la segunda vez que su protagonista Adrien Brody, puede obtener un Oscar por su interpretación, como un sobreviviente de un campo de concentración. La primera lo ganó por El pianista (2002). A su vez Brady Corbet, su director elige como protagonista, a un arquitecto, igual que lo hiciera Francis Ford Coppola en Megalópolis, su reciente film. Ambos cineastas refieren a reminiscentes contradicciones que afectan al hombre y su entorno.
El brutalista es un film paradigmático, épico, político, de una belleza que asombra y enceguece a las grandes muchedumbres, pero que en su interior puede llegar a contener aristas tan contradictorias, como adyectas.

Película monumental, de extrema manufactura, que deslumbra, a partir no sólo del uso perfecto, lógico, de efectos de I.A., pero también porque fue filmada con el sistema VistaVisión, 70 mm, utilizado en los ´50, época en la que transcurre la película. Su protagonista es un arquitecto judío húngaro, Tóth Lászlo (que se dice perteneció a la famosa escuela alemana Bauhaus, pero éste es un dato ficticio del guión), sobreviviente de un campo de concentración, que con la ayuda de un primo emigra a Estados Unidos, para trabajar en la mueblería de su familiar. De allí, Lászlo que se niega a mentir y no esconde su origen judío, se ve obligado a viajar luego a Pensilvania, en la que conoce primero al hijo del industrial Harrison Lee Van Buren y luego a su padre (papel a cargo de un Guy Pearce, de soberbia interpretación).

Es Harrison Lee Van Buren, el que le solicita diseñe un edificio para la comunidad cristiana, en homenaje a su madre. El monumental diseño, incluye desde mármol de Carrara hasta una abertura de luz, qué con la caída del sol, ilumina en su interior una cruz. La ficticia amabilidad con la que Van Buren recibe a Lászlo al comienzo, que incluye hasta una gestión para traer a la mujer y la sobrina del arquitecto a Pensilvania, luego adquiere aristas tan mezquinas, como de una humillación sin precedentes. En especial, en la escena en la que se aprovecha del estado de embriaguez y drogadicción del arquitecto.

Como en la paradigmática trilogía de films La condición humana, de Masaki Kabayashi (1959-1961), acá se contraponen la actitud más ruin del hombre, con el altruismo y los valores humanos. De tal manera, que Tóth Lászlo termina siendo tan sometido y humillado por el alto poder económico de Van Buren, como lo fuera por su condición de judío. Esta extraña licencia que se toman los guionistas resulta algo desconcertante. Aunque ese ying y yang, parece enaltecer la desconcertante belleza que se desprende del entramado no sólo de lo que expresan los diálogos, en cuánto a las confesiones íntimas, hasta su contenido filosófico y su legado artístico. También llama la atención como Brady Corbet, logra expresar con tanta lucidez y sinrazón la intimidad humana, uniendo belleza y degradación en un mismo nivel, del mismo modo que lo hace en arquitectura el brutalismo, que mezcla el hormigón a la vista y, a veces, su estructura de hierros al desnudo.

Calificación: Muy buena
Juan Carlos Fontana (publicada en diario Perfil)
Ficha técnica:
El brutalista. Título original: The Brutalist. Dirección: Brady Corbet. Guión: Brady Corbet y Mona Fastvold. Intérpretes: Adrien Brody, Felicity Jones, Guy Pearce, Joe Alwyn, Raffey Cassidy y Stacy Martin. Origen: Estados Unidos, Inglaterra, Canadá (2024). Duración: 215’. Crédito: gentileza Universal
