“El baile” enciende la argentinidad a través de la danza, en una creación de Mathilde Monnier y Alan Pauls, que puede verse en el teatro San Martín

El cuerpo es el mapa visible e invisible a la vez de nuestra cultura, de la memoria emocional, de placer y de dolor, de deseo y de rechazo, del presente y del pasado, o en todo caso de un único presente visible que almacena en sí mismo su historia. La historia de un país, de una ciudad, de un lugar, de nuestra familia, de ser hijos/hijas y padres/madres. Sobre el cuerpo de sus bailarines Mathilde Monnier, junto al escritor y periodista Alan Pauls deciden contar parte de la historia de la Argentina, desde 1978 hasta nuestros días, como ellos mismos lo expresan y “más específicamente –señalan- de Buenos Aires, una ciudad donde la danza tiene un lugar particular”.

PROVOCAR DESASOSIEGO

“El baile”, la obra de ambos, no sólo remite a imágenes de Ettore Scola y su film, se apoya, muy libremente, así lo destacan, “en Le bal, que Jean-Claude Penchenat dio a conocer en 1981”. El resultado de esta sociedad franco-argentina es tan fascinante, como capaz de provocar un intermitente desasosiego en el espectador. ¿Por qué? Porque Monnier y Pauls se proponen inquietarnos hilvanando una multiplicidad de imágenes estéticas que intentan dar cuenta de nuestro pasado desde la fecha mencionada a hoy y lo hacen a partir de una variante lúdica, en la que el excelente equipo de intérpretes elegidos intentan a lo largo de 90 minutos, ser un reflejo de nosotros mismos a partir de movimientos y de gestos, que el espectador reconoce, asocia, quisiera apresar para sí mismo, porque le remiten, tal vez, a un recuerdo, a un juego de la infancia, a un dolor del pasado, a una época oscura de la Argentina. Porque Monnier y Pauls no escatiman nada y su sociedad es una perfecta síntesis de complementación y talento. Qué la selección de ítems expuestos sea la acertada, queda como una opinión abierta para el espectador. Pero se sabe que a partir de una serie de fragmentos se puede componer una figura determinada y eso es lo que hace la coreógrafa con esos cuerpos tan disímiles de sus bailarines. Pero es precisamente en esa heterogeneidad que se apoya la riqueza de esta pieza que es necesario ver, disfrutar, pensar, como si fuera una brisa de aire fresco que recorre nuestro cuerpo para decirnos “estamos vivos”.

CUERPO Y ENERGIA

El cuerpo es energía y  la energía puesta en movimiento puede ser pasión, medida o desbordada, no importa, pero energía al fin, que intenta compartir con el otro, los otros (espectadores) y los otros (intérpretes, compañeros de escenario), instantes de vida.

El baile versión argentina –señalan sus creadores- elige menos contar un país que componerlo, sabiendo que lo que pretende componer es una sociedad cuya pasión, cuya verdadera pasión, no es otra que descomponerse, naufragar, tocar fondo para después, en una euforia última, probar que no está muerta”. Con estos elementos, el espectador asiste a un espectáculo que tiene mucho de aparente informalidad y anarquía, pero es riguroso en su desarrollo, milimétrico en la complementación de los cuerpos en ese espacio de la Casacuberta del San Martín convertida en una especie de gran sala de ensayos con varias sillas en sus extremos.

Sentados en esas sillas un grupo de chicas y chicos –que bailan, cantan, lloran y actúan-, primero observan al público en silencio. Algunos visten ropa informal, otros no tanto, algunas llevan tacos aguja, otras zapatos abotonados. Algunos llevan un pantalón corto oscuro y otros de colores. Apenas da comienzo esta obra que tiene mucho de performance y de happening perfectamente ensamblado, se suceden una serie de acciones, en las que fragmentos de melodías cantadas por los mismos bailarines o grabadas, remiten a una época determinada de la Argentina, pueden ser los ´80, con una melodía de los hermanos Moura y su Virus, un tango atemporal, o una zamba en la que su intérprete termina llorando de amor. La sucesión de hechos de estos “cuerpos que cuentan” a través de la danza se sucede sin prisa y sin pausa. De pronto la etapa de los años escolares despierta de golpe con un fragmento “cacareado”  de una canción patria. O el ensamble de pasos que recuerdan al carnaval, o los juegos de pañuelos que traducen una danza folclórica, dan lugar a un juego de cuerpos fragmentados de víctimas de tortura.

EROS Y TANATOS

El ritmo es incesante, por momentos los cuerpos se desbordan con una murga, o ciertos gestos y sonidos aluden a algo de hip hop; mientras una camiseta de fútbol puede referir a una imagen de la euforia de un Boca-River. La francesa Mathilde Monnier (cuya estética recuerda a Pina Bausch y Constanza Macras)  se propuso construir un informal rompecabezas con nuestra historia e invita a los argentinos a volver a ser niños, a rescatar tal vez una tierna etapa de la infancia, de alegrías
efímeras, o de desdicha, pero siempre alude a una pertenencia: la nuestra.  Y lo hace con la inteligencia de quién sabe traducir a partir de una exquisita partitura coreográfica y el lenguaje de la danza, un hecho estético que despierta situaciones de etapas pasadas en un presente que tal vez inmersos en el devenir cotidiano hemos olvidado, perdido entre los retazos de la memoria. Ella nos permite recuperar y recordar nuestras encendidas pasiones, mezcla de Eros y Tánatos, pero burbujeantes y efervescentes de vitalidad. El final es por demás elocuente. Por eso sólo resta decirles a Monnier,  Pauls y el equipo de intérpretes que muchas gracias por  acariciar nuestros recuerdos hasta con un tango bailado, ya no en pareja, sino en un grupo que se mueve tan relajadamente como en perfecta sintonía.

Sus creadores:  Alan Pauls y Mathile Monnier

Calificación: Muy bueno

Juan Carlos Fontana

Ficha técnica:
El baile, es una producción asociada de Le Quai Centre Dramatique National Angers Pays de la Loire (Francia) con el Complejo Teatral de Buenos Aires. La concepción y la coreografía son de Mathilde Monnier y Alan Pauls -quienes se han inspirado muy libremente en Le bal, sobre una idea y con dirección de Jean-Claude Penchenat, obra colectiva del Théâtre du Campagnol-. Intérpretes: Martín Gil, Lucas Lagomarsino, Samanta Leder, Pablo Lugones, Ari Lutzker, Carmen Pereiro Numer, Valeria Polorena, Lucía García Pulles, Celia Argüello Rena, Delfina Thiel, Florencia Vecino y Daniel Wendler. La dramaturgia es de Véronique Timsit, la colaboración artística de Anne Fontanesi, el diseño sonoro de Olivier Renouf, el
asesor musical es Sergio Pujol, el coaching vocal  es de Bárbara Togander y Daniel Wendler, el diseño de iluminación de Eric Wurtz, y la escenografía y el vestuario son de Annie Tolleter.  Con el apoyo del Instituto Francés de Argentina. Duración: 90 minutos. Las funciones continúan hasta el 30 de este mes, de jueves a domingos, a las 20, en la sala Casacuberta del Teatro San Martín (Corrientes 1530).. Platea $ 250.-

El baile se estrenó en 2017 en Le Quai CDN Angers y comenzó una gira por Europa que continuará después de la presentación en Buenos Aires, hasta mediados de 2018.

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