«Días Perfectos». Un encuentro con la filosofía de lo cotidiano

El admirado intérprete de la recordada Shall We Dance (1996), Koji Yakusho protagoniza este film, en el que Wim Wenders, le rinde homenaje a uno de los maestros del cine japonés, ya fallecido, Yasujiro Ozú, el creador de Cuentos de Tokio (1953), al que le dedicó su documental Tokyo-Ga (1985).

Días perfectos tiene grandes influencias, hasta escenas casi textuales de dos films que el creador de Las alas del deseo (1987) y Hasta el fin del mundo (1991), rodó en Japón. La mencionada Tokyo-Ga y Notebook on Cities and clothes (1989), sobre el diseñador Yohji Yamamoto.

Por este film, Koji Yakusho ganó el premio al mejor actor en Cannes 2023. Lo curioso es que su personaje Hirayama, casi no habla. Tiene muy escaso texto y sólo emite alguna palabra cuando se encuentra con alguno de sus familiares, o el momento se lo exige. La expresividad y la emoción del actor, su ritmo, su manera de moverse, tienen una armonía que atrapa. Su personalidad se apoya en su sonrisa y sus mínimas reverencias, muy orientales, de agradecimiento hacia los otros. Mientras su mirada vivaz, inquieta, todo lo observa como si fuera la primera vez. Hirayama es un hombre mayor y poco sabemos de su pasado. De algo el espectador se entera cuando lo visita una sobrina, o aparece la madre de la chica. ¿A qué se dedica ese servicial anciano? A limpiar diariamente los baños públicos que proliferan por los parques y plazas de Tokio, y lo curioso es que cada uno tiene un diseño edilicio que parece aunarse con la naturaleza que lo rodea. Todo es perfecto, todo funciona y diariamente Hirayama los limpia. En sus horas libres el anciano lee, lo hace a la noche y también de día, toma fotos en su pequeña y vieja cámara de rollo y tiene una camioneta en la que transporta sus elementos de limpieza, pero también sus queridos casetes analógicos, con música de los 60, los 80, desde The Rolling Stones, hasta The Velvet Underground, Patti Smith o Lou Reed. Algunos jóvenes lo observan como un bicho de otro planeta. Si bien para este hombre todos los días resultan de una rutina similar, no lo son. Wenders le construye un cotidiano que parece una espiral que se repite, pero está en constante evolución. Todo circunstancialmente no se altera, pero como bien lo demuestran esos árboles de mucho verde, o esos bancos de plaza con gente comiendo sola en Tokio, siempre son distintos. Ozu hacía casi lo mismo, filmaba a sus personajes demostrando que la vida gira y parece inmersa en grandes cambios, pero hay como una rutina que no se altera. Las personas se casan, se separan, se despiden, se acompañan a sí mismas. Aceptar la vida y aceptarse parece ser la premisa, muy oriental, de este film de subjetiva belleza, de una cotidianidad que respeta sus propios ciclos, pero sus ritmos si bien simulan ser iguales no lo son. Wim Wenders propone una reflexión sobre la finitud de la vida y la pregunta es ¿si estamos de paso y ya lo sabemos, por qué alterarnos? Quizás haya que sonreír más como lo hace Hirayama y vuelve a repetir sus mismas acciones todos los días de su finita existencia.

 

Título original: Perfect Days Dirección: Wim Wenders Guión: Wim Wenders y Takuma Takasaki Intérpretes: Koji Yakusho, Tokio Emoto, Arisa Nakano, Miyako Tanaka Origen: Japón/Alemania (2023) Duración: 123’

Publicada en el Diario Perfil

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