“Una chica normal”, de Gaby Blanco, humor delicioso, de ideal lectura para tiempos de vértigo

En el cuento que da título a su libro Una chica normal, Gaby Blanco dice: “mi mamá se pasaba las tardes rogándome: ¿no podés ser una chica normal?”.

En la bio de su blog, que lleva su nombre, se lee: Gaby blanco es dramaturga, directora teatral, escritora, performer y artista multidisciplinar. Estudio dramaturgia en la EMAD, se formó con Sanchís Sinisterra, en el Nuevo Teatro Fronterizo, de Madrid y con Ricard Gazquez, en la sala Beckett, de Barcelona. El año pasado fue seleccionada para participar en el Festival Shakespeare, en Buenos Aires, con su obra Romeo y Julieta QR y resultó una de las ganadoras del Concurso Nacional de Actividades Performáticas en Entornos Virtuales, del INT.

Gabi Blanco. «Una chica normal»

Sus cuentos bien merecen ser escuchados en un escenario. Gaby escribe a partir de asociaciones de palabras, de situaciones, de instantes que recuerda a partir de cosas tan insólitas, como observar las baldosas de la vereda, a la salida de su casa.

Su humor es ingenuo, espontáneo y surge de esas situaciones imprevistas de las que somos protagonistas sin quererlo, en un supermercado, en la calle, en una clase, en un encuentro de zoom. Sus textos bien merecen formar parte de un stand up. Sin duda sería un acierto llevarlos a un escenario. ¿Ella querrá? No lo sabemos.

Su primer cuento Pulir el vidrio, es como una porno soft, en la que se mezclan, de manera ilógica un limpiavidrios, el señor Miyagi que llega en moto y le hace el amor a la protagonista y esa ansiedad frenética del encierro que parece contaminar a todos, en la era del Covid.

Los textos son autorreferenciales de la protagonista, Una chica normal, en la que coinciden innumerables circunstancias, desde salir a caminar por San Telmo y anotarse en un gimnasio para aprender alpinismo de pared; hasta caminar por el parque Rivadavia y detenerse a observar cómo un vendedor después de aconsejar a unas señoras sobre qué libro elegir, les vende uno de Doña Petrona; o preguntarse quién escribe los obituarios de los diarios, como para llegar a redactar: José dejará un vacío para siempre en los corazones de sus compañeros de tenis.

Gaby Blanco ofrece una lectura ideal para tiempos de vértigo, el que sea, porque su escritura es rápida, concisa, y te “toca” sensorialmente, por lo descontracturada, “por esa rebeldía frente a las formas tradicionales del relato”, como lo indica el admirado Fabián Casas, que le prologó su edición.

En su escritura es capaz de mezclar el Taj Mahal, con un restaurante coreano, o hablar de sus sobrinos albinos, apelando siempre a lo lúdico, lo sutilmente surrealista. Del mismo modo que en uno de sus cuentos es capaz de convertirse en una Marie Kondo, que en lugar de intentar ordenar placares, se angustia por no poder ordenar sus pensamientos, o se interroga por qué no es capaz de hacer crecer sus queridos helechos en una maceta, en lugar de que siempre se le sequen.

El libro de Gaby Blanco resulta tan delicioso como un exquisito plato se sushi, lleno de colores, de blancos, de rojos, de textos que son para disfrutar y sonreír, aunque lo que digan, a veces, escondan algún instante de melancolía, o de tristeza. Si usted pasa por una plaza, o un bar y ve a alguien leer un libro de tapa verde agua y sonreír, seguro que es Una chica normal.

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