«El zorro, el labrador y el buen hombre», una excelente pieza infantil, escrita y dirigida por Pablo Gorlero.

Inspirada en un encuentro real, El zorro, el labrador y el buen hombre -sábados y domingos, a las 17, en el teatro Del Pueblo (Lavalle 3636)- es una muy bella e ingeniosa fábula, para niños y adultos, sobre la hermandad que predomina en las especies y que, a los humanos, a veces, nos cuesta aceptar.

Dedicada a los más pequeños, refiere a la relación, que el hombre presume imposible entre un zorro y un perro labrador. Y cómo ese encuentro que imaginamos podría estar teñido de agresiones y violencia, se transforma en circunstancias de un compañerismo y afectos infinitos, entre ambos animales .

 

Pablo Gorlero, director, dramaturgo y periodista, creador de tantos éxitos y que ha cosechado tantos premios y reconocimientos por sus piezas, dedica la pieza a fieles compañeros perrunos que tuvo y tiene. El primero es Francisco, un perrito que murió y también a los actuales Matilda, una perra de raza labrador, a la que sólo le falta hablar y a Lino, los que, si los conocieras, te enternecen con sus miradas y sus gestos de cariño infinitos. Esta convivencia con los animales, sin duda, le aportó al reconocido creador de éxitos infantiles tan señeros, como Musiquitas, Saltimbanquis -con varios años en cartel- y Mi don imaginario, dedicada a Hugo Midón y Huellitas, un conocimiento profundo del comportamiento animal. Además de las innumerables piezas para adultos y musicales como Hair-50 Años, Tin Pan Alley-Noches de Broadway, Ya lo sabía, de Jordi Cadellans, Canciones con gracia, Alma Mahler, de Víctor Hugo Morales; Minoica, un musical con humor sobre la cultura griega; a su vez, el director y dramaturgo, es cocreador con Ricky Pashkus de los premios Hugo al teatro musical. En su infinito recorrer el camino del arte, Gorlero es un agudo observador del alma humana, que no pierde su capacidad de asombro y sabe redescubrir matices, que en el agitado ritmo actual solemos obviar. Esto se percibe y con gran regocijo y asombro en esta nueva pieza infantil, en la que la ternura, el respeto por el otro, sus tiempos, sus reacciones, aparecen claramente identificadas en la relación entre un joven, dueño del labrador, el perro ya anciano y el zorro.

 

La pieza es un excelente ejercicio pedagógico sobre la naturaleza animal, que es demostrado a través de los títeres -creados por Inés Sceppacuercia-, cuyos materiales empleados, junto a la exquisita manipulación de Daniela Fiorentino y Gerardo Porión, despiertan emociones, expectativas y sonrisas en el público, que se olvida que son muñecos, para dejarse llevar por la variedad de sentimientos que despiertan el labrador, el zorro y ya cuando éste último es adulto, su pareja, una zorra con sus pequeños cachorros.

Pocos elementos en escena, sólo los necesarios y muy bien elegidos, permiten imaginar la casa del labrador y su dueño. Los paseos por el campo, las mariposas que les hacen mover divertidamente las orejas a los animales y corretear y relacionarse entre ellos, son parte de esta encantadora propuesta, ideal para compartir entre los padres y sus pequeños. Los sentimientos de ternura, alegrías compartidas, también algo de tristeza, compañerismo, el afecto y el respeto que el labrador ya viejito y por despedirse de la vida y el zorro que se hace adulto, enseñan a través de esta historia para niños y mayores, aportan a la diversidad e invitan a predisponerse a escuchar otras voces. Esta fábula nos recuerda que se crece a través de un aprendizaje mutuo, el sentir en el propio cuerpo lo que el compañero ofrece para abrigarse, como sucede cuando el pequeño zorro perdido en la fría llanura, es invitado a compartir la calidez del hogar del labrador y su dueño.

Desde la dirección se cuidó muy bien de respetar los tiempos del comportamiento animal, los que se mueven a través de movimientos impulsivos, o más lentos si observan y están expectantes frente a un hecho, o el aprender a esperar o no las reacciones del o de los otros. El manejo de títeres y el tiempo dramático de este universo, está ilustrado a la perfección, con matices que siempre mantienen expectantes a chicos y adultos que disfrutan de esta historia, que refiere a la evolución de las especies. A la vez que enseña que despedirse de la vida no tiene porque ser un acontecimiento dramático, sino que la naturaleza continúa sus ciclos. Así observamos cómo el labrador se “va de viaje” rodeado de la alegría y el cariño de su dueño (papel a cargo de Santiago Lozano, en una minimalista, ingenua y exquisita interpretación, llena de matices que grafican con exactitud la comprensión hacia su compañero perro) y de su amigo zorro, que ya formó una familia, pero no olvida a aquel que le dio un hogar y el calor que necesitaba en aquella primera noche que deambulaba por la fría llanura del campo. La música de Fernando Nazar y Pedro Raimondi, el juglar, en canto, le aportan con sus melodías y sus ritmos, el acompañamiento ideal a esta excelente obra infantil para disfrutar en familia.

Calificación: Excelente

Juan Carlos Fontana

 

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