De España llegó “Celebraré mi muerte”, un testimonio real del doctor Marcos Hourmann, que obliga a repensar y revalorizar la vida.

Es una pieza que tal vez propone más preguntas que respuestas. O en todo caso las respuestas habrá qué encontrarlas en la conciencia de cada uno, por decirlo así. Pero hay un interrogante que parece básico: ¿la función de un médico no es aliviar el dolor de un paciente, intentar curarle la enfermedad que lo aflige? En primera instancia todos coincidirán que sí. Pero lo cierto es que no. Porque el privar de la vida a una persona, aunque ésta se lo haya pedido a su médico –con el consentimiento de su hija-, como le sucedió un día de 2005, al doctor Marcos Hourmann (,argentino de origen, pero con varios años de radicación en España, en la que ejerció la medicina y ahora también se dedica al teatro), ayudar a morir a una señora de 80 años le trajo sus consecuencias.

En principio todo sucedió así: una noche de marzo del mencionado año, una mujer mayor llegó al hospital en el que atendía el doctor Hourmann víctima de un dolor insoportable. Le pidió al facultativo que aliviara su vía crucis o que la ayudara tal vez a dejar este mundo, en pos de no sufrir más. La hija aceptó el pedido de su madre y el doctor Hourmann frente a tal cuadro de angustia se encomendó al Altísimo y cumplió la función por la que había jurado: ayudar a dejar de sufrir a su paciente. A continuación le inyectó 50 mg. de cloruro de potasio. El efecto fue letal, la paciente dejó de sufrir casi al instante.

Claro, que, como ocurre siempre, cuando fallece un ser querido, los que quedan en la Tierra tienen que lidiar con esa pérdida. Y al doctor Hourmann no le fue fácil, fue condenado, pero como no tenía antecedentes y decidió declararse culpable del hecho (claro está! Para aliviar el sufrimiento de la paciente y con el consentimiento de la hija de la mujer fallecida), como no tenía antecedentes, finalmente no fue a prisión. No obstante decidió alejarse de España e irse a Inglaterra, en la que fue descubierto y se lo bautizó con el nombre de `doctor Muerte`. Para no abundar demasiado en detalles, en 2020 en España se aprobó la ley de la eutanasia, pero aún no es fácil ¿para quién puede serlo? ayudar a un paciente a morir para que deje de sufrir.

“Celebraré mi muerte” quizás es un título que puede sonar a irónico, sin embargo no parece ser tan así. Porque ¿por qué no celebrar la muerte en paz, dejar este mundo cuando pensamos que hemos cumplido con lo que queríamos, o por qué no pedir a los otros que nos ayuden a morir si ya no podemos más del sufrimiento y estamos muertos en vida? Cuantas veces nos hemos enfrentado a estos interrogantes cuando perdimos a un amigo, familiar, padres, madres, hijos.  Alberto San Juan, Víctor Morilla y el mismo doctor Marcos Hourmann pusieron manos a la obra de escribir el texto para esta pieza calificada de `teatro documento`. Los dos últimos se encargaron de dirigir a Hourmann que debuta como actor con esta pieza, en la que tal vez, lleva a cabo un acto de exorcismo. Y para exorcizar los hechos Hourmann `convierte` al público en un jurado para que lo absuelva o lo considera culpable. El/los/las espectadores/espectadoras tendrán que preguntarse qué harían en su lugar y dictar, tal vez, su veredicto. En síntesis son ellos los que deciden, ya que el juicio a Hourmann nunca se llevó a cabo.

Lo que provoca la pieza es una profunda reflexión, o quizás un exacerbado escozor que se percibe en la piel y nos confronta con nuestras propias pérdidas, de nuestros padres, amigos, o quizás, como en mi caso que me hizo recordar esos instantes últimos en los que tomándole la mano a mi madre, que no me atreví a soltar, observé cómo se me iba sin poder hacer nada para retenerla, aquel 31 de diciembre de 2010. Ver que su respiración se apagaba, como si el agua le llegara al cuello, hasta que escuché su último hálito de aire en esta vida y el tiempo pareciera que se detuvo. Observarla como se iba apagando su vida, mirarla, observarla, sostener su mano, en esa cama de hospital, y ver cómo el color de su cara se transformaba ante mis ojos paralizados de lágrimas, cuando su cuerpo se despedía de este mundo, fue una escena imborrable. Esto me sucedió no porque Hourmann incite al golpe bajo, no. Al contrario Hourmann, se nota ha ido puliendo este nuevo oficio que asumió y a lo largo de los 75 minutos que dura el espectáculo, amenizado con proyecciones, nos lleva acá y allá, nos cubre de anécdotas, nos cuenta su vida en la Argentina antes de radicarse en España. Y su histrionismo, su vigor dramático, su locuacidad, su mirada, sus gestos, sus matices vocales, nos provocan un viaje, que quizás puede ser agradable o no. Todo depende del color con el que se lo mire, se lo escuche. Pero en todo caso este es un teatro incuestionable, paradigmático, confesional, que llega en instantes en que en el mundo, justamente, las muertes provocadas ex profeso y conscientemente se han vuelto parte de nuestra cotidianidad. Este es un teatro que nos obliga a repensar qué haríamos nosotros en el lugar del doctor Hourmann, o  ¿quisiéramos qué como a su enferma alguien nos ayudara a dejar este mundo en caso de un sufrimiento mayor?. Si te animas! no te pierdas esta pieza a la que sólo le quedan tres funciones.

Calificación: Muy buena

Juan Carlos Fontana

Ficha Técnica:
“Celebraré mi muerte”. Autores: Marcos Hourmann, Alberto San Juan y Víctor Morilla. Dirección: Alberto San Juan, Víctor Morilla. Intérprete: Marcos Hourmann. Luces: Eudald Gili. Sala: Teatro Picadero, Enrique Santos Discépolo 1857. Duración: 75 minutos. Funciones: viernes 16 y sábado 17 de diciembre, a las 22. Domingo 18 de diciembre, a las 20.30. Entradas: $3.500.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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