“Bajo el bosque de leche” una obra capaz de erizar la piel por su perfeccionismo escénico. Un Dylan Thomas exquisito que puede verse en la Cunill del San Martín y es la primera producción que se estrena e integra la grilla del FIBA 2017, que comienza el jueves.

Un 30 de octubre de 1938, Orson Welles transmitía desde los estudios Columbia Broadcasting, de Nueva York, en formato de guión radiofónico, la novela del británico H.G. Welles “La guerra de los mundos”. Lo curioso es que apenas comenzada la
transmisión no fueron pocos los incrédulos que pensaron que aquello era real y el pánico se apoderó de las calles, por temor a una invasión extraterrestre.

La versión teatral estrenada el sábado, de la pieza radiofónica del galés Dylan Thomas, “Bajo el bosque de leche” (presentada con el apoyo del British Council) que se presenta en la sala Cunill Cabanellas del San Martín y formará parte de la grilla del Festival Internacional de Buenos Aires que comienza el jueves, provocó cierto `pánico` en el espectador, no por temor, sino por su perfeccionismo estético y sonoro. Junto al desempeño de un equipo de intérpretes, entre músicos, cantantes y actores, tan valiosos, que sorprendieron con su preciso ensamble escénico, en el que las voces y los cuerpos, cuán instrumentos musicales, se ajustaron a su registro con un compromiso tal que suscitaron un extensivo y muy entusiasta aplauso final.

SENSIBILIDAD Y LUCIDEZ

Esta última obra de Dylan Thomas escrita poco tiempo antes de morir el 9 de noviembre, de 1953, podría decirse es como una síntesis de su producción. De un extenso e inusitado lirismo poético, se extiende a lo largo de 110 minutos, por lo que
les sucede a los habitantes de un pueblo costero. Su narración es sarcástica, tierna, extraña y melancólica, pero a la vez no está exenta de esa rebeldía e ironía propias de este autor, que describe a sus personajes por instantes inmersos en un sino de tragedia, de candidez, o de una cierta amoralidad que le permite ahondar en los rincones más oscuros y misteriosos de la existencia humana.

El músico Gustavo García Mendy y el director Mariano Stolkiner pusieron un enorme empeño en esta adaptación y lo hicieron sin temor a los posibles errores que pudieran producirse en su adaptación, es la mejor forma. Y los logros están a
la vista, resultan asombrosos. Su sensibilidad y lucidez puestas en juego les permitió entender un texto complejo a partir de la variedad de voces y contenidos que transmiten estos personajes.

GRAN FRISO ESCENICO Y VISUAL

Lo que se observa en escena es excelente técnicamente e inquietante a la vez, porque a medida que avanza la pieza, presentada bajo un gran friso escénico y visual, con un espacio que se extiende a lo largo, mientras en las paredes del fondo se proyectan imágenes, se puede ir disfrutando de un universo tan propio del autor como de la capacidad puesta en juego por los responsables de la versión.

La puesta en escena fue elaborada en base a un mecanismo que no permite un segundo de distracción tanto del equipo técnico, encargado de ubicar las imágenes que acompañan las escenas, como de los músicos y actores que también cantan. El
collage escénico mete al espectador en risueñas escenas del despertar de un nuevo día, en las que coinciden desde la prostituta del pueblo costero, hasta el tabernero, la niña, un viejo capitán ciego, o la pareja que en su desayuno ríen de la borrachera de la noche anterior.

VITALIDAD E IMPOSTURA

En medio de ese juego de extravagantes personajes (que, aunque nada tienen que ver recuerdan al film “Siete novias para siete hermanos”, de Stanley Donen) cuya vitalidad parece moverse bajo la esperanza de posibles ilusiones que nunca se
concretan, un viejo capitán va recordando a unos y otros los que ya no están y en ese mar de figuras abstractas que describen los laberintos de la conciencia, asoma el toque surrealista de una serie de figuras que parecieran hablar desde un más allá a los vivos, o quizás a esos seres que nunca se sabe si forman parte de una realidad o de la fantasía de un autor que se ríe de ellos con la calidez de la impostura, de una irracionalidad desbordante de vitalidad y desatino.

Ingrid Pelicori que también se encargó de la traducción de la pieza, presta su prodigiosa voz para narrar los textos que permiten ubicar al espectador en ese contexto imaginado por Thomas. Sería difícil imaginar a otra actriz capaz de dar batalla a esas palabras con la variedad de matices que la intérprete le impone.

Calificación: Excelente !

Juan Carlos Fontana

Ficha técnica:
“Bajo el bosque de leche” (Under mil Wood), de Dylan Thomas. Traducción: Ingrid Pelicori, versión para escena: Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendi. Intérpretes: Ingrid Pelicori, Luis Campos, Belén Pasqualini, Picky Paino, Iván Espeche Ariel Staltari, Abril Piterbarg, Alejandra Perlusky, Gustavo García Mendy y Miguel Rausch. Mùsica original y canciones: Gustavo García Mendy. Iluminación: Julio López. Vestuario: Micaela Sleigh. Escenografía Magalí Acha y Dirección: Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy. Cunill Cabanellas del San Martín. Con el apoyo del British Council.

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