Llevan tres años de permanencia y en gira por Europa y América latina. A “La sangre de los árboles”, la han visto y aplaudido más de 40.000 espectadores y la pieza no deja de despertar asombro, a partir de la química de dos actrices que se fagocitan en escena para interpretar un texto complejo, directo y reconocible a la vez.

AUTOR Y DIRECTOR
Compleja porque la escritura del joven dramaturgo chileno Luis Barrales, también director, es como un puzle de situaciones que el espectador irá armando a medida que transcurren las acciones. Acciones que exigen de las intérpretes una cierta concentración y buenos reflejos para el cambio constante, para el sentimiento que aflora en un instante y debe desaparecer para dar paso a otra situación. Porque el Barrales director les pide a sus intérpretes lo máximo, desde que hablen en tercera persona, hasta que ejerciten prácticamente un juego de memoria emotiva para recordar y refrescar lo que perdieron, sus padres, y a la vez se rearmen para ir sembrando circunstancias que llevarán a los personajes, sólo las dos mujeres en escena, a averiguar si realmente son hermanas o no, cuyo interrogante será revelado a partir de un análisis genético.
Pero ese hecho si bien es esencial y recorre toda la pieza, podría afirmarse que no es lo primordial porque el interrogante que abre este texto es ¿Qué significa ser hermano de sangre?, ¿acaso eso es tan importante, o lo esencial es vivir con el otro una hermandad de vida? A veces la sensación de hermandad, de sentir a la otra o el otro como un familiar directo se da por lo vivido, por la empatía del devenir cotidiano y eso es lo que les sucede a estas dos jóvenes mujeres que interpretan Viale y Césperes con una exigencia física y expresiva y cambios de sentimientos constantes en escena, que obliga a ambas a una gran concentración y entrega.

“TOCAR AL ESPECTADOR”
A lo largo de la función de anoche en Espacio Callejón a las dos se las vio cómodas, entregadas y comprometidas con la pieza que las identifica a partir de una relación que ambas mantienen con el teatro, que resulta admirable. Aunque acá no hay que olvidar un complemento esencial, el aporte musical y de sonido de Lucía Gómez.
Luis Barrales que es autor de una pieza emblemática de la dramaturgia chilena como Niñas araña, se atrevió a una puesta en escena que exige una constante atención por parte del espectador. Lo lúdico, el gesto, el equilibrado cambio de actitudes, de voces, de sutiles emociones que aparecen con ímpetu y se desvanecen para dar paso a otra circunstancia, son parte de un habitar el escenario, que le llega, “lo toca al espectador”, lo emociona, a partir de las interpretaciones y de la química de dos creativas actrices, como Juana Viale y Victoria Césperes.

Calificación: Muy buena
Juan Carlos Fontana
Ficha técnica:
“La sangre de los árboles”. Texto y dirección: Luis Barrales. Escenografía, vestuario y luces: Rocío Troc. Funciones: los jueves, a las 20. Espacio Callejón, Humahuaca 3759, tel. 4.862.1167.
