“Eternidades. Té póstumo en hall de cine”. Un valioso espectáculo que recorre parte de la historia argentina

Cuatro divas, cuatro señoras de la escena que sacan pecho y aún en el más allá conservan sus convicciones, sus orgullos, su hidalguía y también sus enconos. Como si el tiempo no hubiera transcurrido, Zully Moreno, la rubia que bien podría ser la Marilyn Monroe argentina, la dramática Fanny Navarro y Tita Merello, o la novia de América, como se la llamaba a Libertad Lamarque, aparecen en escena rememorando un esplendor, del que no han perdido un ápice. ¿Por qué? Porque este espectáculo con pasos de comedia, sutil drama, alguna pizca de melodrama y mucho de encanto, las trae a escena para cantar, bailar y dar a conocer anécdotas y chismes de los que no se salva nadie, ni Mirtha Legrand, ni tampoco la inigualable Eva Perón, la bella rubia que bien podía competir con Zully, cuando hizo, quizás La cabalgata del circo, pero se enamoró del General, de Perón y su vida cambió para siempre. No obstante su ligazón con el arte nunca la perdió y así fue que para bien o para mal, por los siempre enconos que envuelven y desvirtúan la política, cada una de estas divas quedaron marcadas por el peronismo. Ya sea por su relación con Juan Duarte, como le ocurrió a Fanny Navarro, o porque bien existió o no, una mítica cachetada, que se ha dicho la Lamarque le prodigó a Evita por llegar tarde a una audición.

Empoderadas en el presente, ya que en su época no se podía, estas cuatro inigualables mujeres que tanto hicieron soñar a los argentinos, se prodigan en confesiones, en contar no con tristeza y hasta melancolía, los períodos de esplendor y de sufrimiento que tuvieron que atravesar a lo largo de sus existencias.

Libertad Lamarque (1906-2000), es contemporánea de Tita Merello (1904-2002), mientras que Zully Moreno (1920-1999) lo es de Fanny Navarro. Algunas coincidieron en distintos sets de cine, otras tuvieron amores imposibles, el caso de la Merello con Luis Sandrini. Mientras que Zully, luego del golpe que derrocó a Perón en 1944, se exilió con su marido Luis César Amadori y su hijo, en España.

De ellas, por aquella época, se conocían sus vidas y chismes por una publicación mítica de la época Radiolandia y para verter anécdotas varias, sabrosos relatos de estas divas, colaboraron con el director Pablo Gorlero y el autor Luis Longhi, dos míticos periodistas, que mecanografiaron una y mil letras en la mítica Radiolandia, ellos son los siempre encantadores Adela Montes y Roberto Quirno.

El título de este espectáculo quizás no podía ser más acertado: Eternidades: té póstumo en hall de cine. Porque es allí en el hall del cine, mientras esperamos para ingresar que en compañía de novias, madres, o amigos desfilan anécdotas, chismes y datos de lo que vamos a ver, a la vez que encienden nuestro interés cuando ingresamos al cine.

Si Longhi investigó e hilvanó una y mil anécdotas y situaciones, Gorlero (el admirado director de musicales como “Hair-50 años”, “Saltimbanquis”, o “Mi Don Imaginario”, entre tantos otros), tejió una trama de escenas en las que no falta nada y cada actriz se luce en el incandescente desafío de prestarse al desafío de asumir aquellas que fueron alguna vez admiradas y envidiadas y vivieron una época de esplendor y también, a veces, de apostar a la tenacidad para poder continuar con un arte que, si bien nunca fue fácil, por aquellos años implicaba todo un desafío para la mujer. Pero en el presente estas divas toman el té y discuten, se pelean, pero se las ve firmes en compañía, inseparables en amistad y pródigas en virtudes.

Pablo Gorlero tiene la virtud desde la dirección de hacer que nunca se note su hilván, su mano indicadora para apostar a un todo que funcione como un sutil mecanismo de relojería en cada uno de sus espectáculos. Con aguda mirada para los detalles, sabe resumir en una síntesis exacta el instante de mayor dramatismo, como ocurre acá con la escena en la que el personaje de Zully recuerda cuando le sirvieron en bandeja la cabeza de su querido Juan Duarte, un acto de terror del que nadie sobreviviría, pero ella resistió, hasta que tiró el guante y hoy la podemos reencontrar en este “hall de cine”, como en una de esas viejas matinées que ya no abundan, pero sirven para arrancar una sonrisa en tiempos difíciles. El parecido de estas actrices con los personajes que asumen es notable y vaya nuestra admiración e intenso aplauso a los minutos que nos permitieron pasar junto a ellas -Sofía Almuina, Lucía Andrada, Agustina D’Angelo, Jimena Gonik-, disfrutando de un pieza que te llena de recuerdos y alimentan el alma.

Juan Carlos Fontana

Calificación: Muy bueno

Ficha técnica:

“Eternidades. Té póstumo en hall de cine”. Idea y dirección: Pablo Gorlero. Libro y letras:  Luis Longhi. Música: Juan Ignacio López. Intérpretes: Sofía Almuina, Lucía Andrada, Agustina D’Angelo, Jimena Gonik, Karina Barda. Coreografía: Marina Svartzman. Escenografía: Vanesa Abramovich. Vestuario: Alejandra Robotti. Iluminación: Eli Sirlin. Sala: El Cultural San Martín, Sarmiento 1551. Funciones: viernes y sábados, 20.30, domingos, 19.30. Duración: 110 minutos. Entradas: $800, estudiantes y jubilados $700.-

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